patxi fernández navarro

Crítica

Pablo Lanuza. Pintor, Crítico y Profesor de Bellas Artes. Sevilla, septiembre 2005.

La motivación esencial en el arte es un estado de conflicto permanente. Esto lo sabe muy bien Patxi Fernández en el discurso de su aventura creadora. Patxi, en perpetua evolución sobre sí mismo, parte una y otra vez desde el punto cero.

Sus trabajos sobre la figura humana, en especial los retratos están pletóricos de manchas en un caos, alejado de lo fotográfico, pero que resuelve con aparente facilidad con un gestualismo cargado de fuerza que dibuja el rictus peculiar de sus reveladoras personalidades. Aparece entonces una memoria involuntaria que recobra el ambiente íntimo, sin tiempo ni espacio. Con la misma fuerza gestual y colorista construye sus escenas paisajísticas estructurando la pintura donde abstracción y figuración se confunden. ¿Qué es lo real en la obra de Patxi Fernández? Sin duda las sombras y reflejos que producen sus fantasías. Y no hay fantasías sin sensaciones ni juicios sin fantasías.

El impulso de existir lleva a Patxi a interrogarse sobre los fundamentos, sobre su fuerza y veracidad, sobre la capacidad de soplar vida. Y siempre, volviendo una y otra vez a su eterno conflicto permanente.

Siesta

Pastel sobre papel, 50X70 cm, año 2010            


Ojeando por Internet, descubrí en Flickr una pareja australiana que se mostraban divertidos en sus quehaceres cotidianos y sobre todo le gustaba mostrarse ella desnuda, en poses muy naturales, y otras no tanto, pero siempre muy atractiva. En esta imagen, era la expresión lógica tras un orgasmo, y me sedujo pintarla y les envíe una copia por correo electrónico, al poco se separaron o dejaron de jugar en Internet.